Entre su desesperación y su la conmoción que le causó la presencia del maestro, se puso a llorar y dijo:
- Mi médico sólo me da unos meses de vida ¿Puede ayudarme? Me estoy muriendo.
Para su sorpresa, Dudjom Rimpoché dejó escapara una pequeña sonrisa llena de dulzura y compasión y le dijo:
- Mire usted, todos nos estamos muriendo. No es más que cuestión de tiempo. Simplemente unos morimos antes que otros.
Esto la ayudó a reconocer el carácter universal de la muerte. Le habló del proceso de la muerte, de la aceptación de la misma y de la esperanza que hay en ella, y finalizó con una práctica de curación que ella siguió . Esta mujer, aparte de aceptar la muerte, siguió al pie de la letra las indicaciones recibidas, y sanó.
"...cuando aceptamos la muerte, transformamos nuestra actitud ante la vida y descubrimos el vínculo fundamental entre la vida y la muerte, existe la extraordinaria posibilidad de sanar".
...
¿Qué tan seguido reflexionamos sobre el carácter universal de la muerte y su inevitable llegada? ¿Qué tanto aceptamos este hecho? ¿Qué tan aferrados estamos a la vida?
En este mundo moderno, nos hemos encargado de pensar en todo menos en la muerte y en lo que pasará cuando esta llegue, peor aún, no nos ocupa lo que pasará después de esta. En ocasiones, cuando llega a visitarnos y se lleva a un ser querido, la nostalgia nos invade, y esto es simplemente porque no la comprendemos.
Si comprendiéramos la muerte, le daríamos más sentido a la vida. Después de todo, al final del día, ninguna de nuestras pertenencias materiales se irá con nosotros después del último aliento, lo único que podemos en verdad acumular son bellos momentos en forma de recuerdos.
Cuando comprendemos la muerte, valoramos mucho más el poder ayudar a los demás, dar amor, un beso, un abrazo, la sonrisa del niño, la brisa en tu rostro, el sol calentando tu piel, el oxígeno que entra a tu cuerpo, el sonido de un instrumento, el sabor de un fruto, todo esto y más cobra sentido y aumenta su valor.
Así que "Mire usted, todos nos estamos muriendo" y mientras esto ocurre ¿Qué estás haciendo de tu vida hoy? ¿Cómo estás contribuyendo? ¿A dónde te está llevando tu modo de vivir?
Lo mejor que puedes hacer hoy por ti y por la humanidad, es levantarte y sonreír a todo el mundo, empezando por el espejo, seguido del vecino, al taxista, a la taquillera del metro, a tu jefe, a tu compañero de trabajo que detestas, a tu familia, al mesero, al perro, a la planta, al sol, a la lluvia, a tu Dios.
Actúa con amor y bondad, ayuda al prójimo y recuerda que tu tiempo presente es lo único que tienes.
Respeta a la muerte y serás respetado en la vida
Namasté.
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